Capítulo diecisiete: El niño tonto
Siempre que volvíamos por la calle de San José, estaba
el niño tonto a la puerta de su casa, sentado en su sillita,
mirando el pasar de los otros. Era uno de esos pobres niños a
quienes no llega nunca el don de la palabra ni el regalo de la
gracia; niño alegre él y triste de ver; todo para su madre, nada
para los demás. Un día, cuando pasó por la calle blanca aquel
mal viento negro, no vi ya al niño en su puerta. Cantaba un
pájaro en el solitario umbral, y yo me acordé de Curros, padre más
que poeta, que, cuando se quedó sin su niño, le preguntaba por
él a la mariposa gallega:
Volvoreta d’aliñas douradas...
A hora que viene la primavera, pienso en el niño tonto, que
desde la calle de San José se fue al cielo. Estará sentado en su
sillita, al lado de las rosas únicas, viendo con sus ojos, abiertos
otra vez, el dorado pasar de los gloriosos.
Muy bien, Adrián. Me gusta que hayas probado también PODOMATIC. El volumen de tu grabación es un tanto bajo. Ten cuidado para futuras grabaciones.
ResponderEliminarPero,vaya, está bien así.
Saludos
Juan